
Escribo siempre y por todas partes,
partículas invisibles son mis letras,
entrelazadas formando un grito.
Las alzo hacia todos los ojos y oídos posibles
no por su belleza, ni para mi vanagloria.
Sino porque al emitir, un sonido, una palabra
y en especial un grito,
alguien debe poder escucharlo
desde muy cerca creando zumbidos,
desde muy lejos siendo apenas perceptible
o desde un ángulo donde agite a un corazón
la liberación de un pensamiento,
exconvicto de una boca cerrada.
Cuántos serán los gritos que como el mio para los demás,
me rodean a diario y no puedo percibir?
cuántos los que ignoro por no poder comprender?
A cuántos auxilios abré dado un paso atrás?
Cientos de miles deben ser los silencios
que despegaron sus labios,
para pedir disculpas, para redimirse, para decir adios
o enviarme un abrazo.
Ciertamente no tengo conciencia de cada uno,
así como de mis letras muchos no la tienen
a pesar de haberlas leído una vez o varias
creyendo que era poesía.
Son palabras...
Que caen en fila desde el borde de una hoja,
saliendo de mi tinta azul...
Directo a su sordera.
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