
Me gusta el autobús
colectivo de descarrilados a eso de las seis de la tarde,
entusiasmo a las doce con los estudiantes
apresurado, como brincos de conejo al inicio de la mañana
sesión de aburridos a las tres,
abandonados sobre los puentes a las ocho.
Pero a las seis,
cuando de pesadas las almas tocan el fondo
la ruta a la siguiente máscara tambalea siempre,
aunque sea un poco,
mientras el tráfico se detiene
La realidad se va...
Directo a encontrarnos.
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