sábado 19 de noviembre de 2011


Todo va bien, toda va bien...
hasta que en un momento
no sabría definir cuál
o mediante que mecanismo
(me gustaría saber)
Las cosas comienzan
a andar otros rumbos.

La primera hoja cae de un árbol
y las demás le siguen
en una lluvia copiosa,
las paredes se descascaran
las goteras se apoderan de las casas
los zapatos se llenan de lodo
el frío acelera
hasta no quedar más que invierno.

Todo lo anterior queda enterrado
bajo una gruesa capa de desconcierto,
y es por los momento inasequible.
Las camas se agarran de los cuerpos,
o los cuerpos de las camas;
los amigos se reencuentran
y las magdalenas tienen motivos de sobra para llorar.

Lo que sí, es que todos coincidimos
en que tenemos miedo.
En que el absurdo es completamente disonante,
que la lucidez te abre los ojos
con un dolor tan intenso
que pagaría cada centavo
si te cobraran por andar por ahí

con los ojos bien abiertos.

Todo está casi roto,
casi disuelto,
casi acabado;
yo no sé porqué a uno
siempre le da por recaer.

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